¿Infidelidad?

Comúnmente se suele atribuir la infidelidad al área de la sexualidad, consistiendo en mantener relaciones sexuales alternativas durante una relación de pareja formal o estable. Sin embargo, no menos significativa es la llamada deslealtad afectiva, que puede darse junto a la infidelidad sexual y, según la cual, uno de los miembros de la pareja llega a establecer un vínculo emocional de gran confianza y proximidad con una tercera persona, dejando relegada en este ámbito a su pareja.

Cada caso de infidelidad es único y diferente de los demás e intervienen en él un cúmulo de factores, condicionantes y facilitadores, que hacen que su abordaje deba ser también específico para cada situación concreta.

A grandes rasgos, existen varios aspectos determinantes en el desarrollo de una infidelidad que influirán en cómo ésta afectará a ambos miembros:

  • Si se trata de un episodio puntual o si la infidelidad ha sido mantenida en el tiempo, llegándose a compatibilizar dos relaciones a la vez.
  • Si se ha llevado a cabo siempre con una misma persona o con diferentes personas.
  • Si la tercera persona es del entorno conocido de la pareja (como una amistad común)
  • Si se trata de alguien con quien se tiene un contacto habitual por otros temas (como un compañero de trabajo) o, por el contrario, si es una infidelidad esporádica con alguien desconocido y con quien probablemente no va a ser posible ningún contacto más.
  • Si ha sido confesada por parte del miembro infiel o ha tenido que ser descubierta por el otro a raíz de indicios y sospechas que se le han ido despertando.

En el caso que la infidelidad fuese propiciada por el enamoramiento alternativo de uno de los miembros, se debe prestar especial atención a las causas que han permitido que éste se encontrara “accesible” para un tercero (por ejemplo, carencias en la relación, no sentirse suficientemente valorado, etc).

Hay que tener en cuenta, eso sí, que la frecuente idealización que suele existir ante alguien con quien se está iniciando una relación perjudica la percepción sobre la pareja habitual, ya que ésta casi siempre es desfavorecida en la comparación con la novedad que supone el reciente idilio.

En muchas ocasiones, la infidelidad en la pareja evidencia una crisis dentro de la relación, en cuya resolución deberá optarse entre continuar o iniciar una separación.

En caso de optar por una continuidad en la relación, una adecuada superación de la crisis puede llegar a fortalecerla y revitalizarla, tras haber introducido los ajustes necesarios en la misma y haberse gestionado adecuadamente las emociones que ésta conlleva en ambos miembros (el rencor, la desconfianza, la rabia, la culpa, la inseguridad, el temor, etc.). Para este complejo trabajo es imprescindible la colaboración de ambos miembros, pudiendo ser también de utilidad la ayuda de un profesional en Terapia de Pareja.

Si se decide la separación: suele ocurrir cuando la parte infiel de la pareja decide iniciar una relación con la tercera persona o hay circunstancias en las que la crisis desvela profundos sentimientos negativos de dolor acumulado en uno o ambos miembros de la pareja, junto a la sensación de no estar ante una situación reparable. En estos casos, es útil un trabajo psicológico individual en el que se elaborará el duelo por el fin de la relación y se empezará a enfocar la nueva etapa vital a la que cada uno, independientemente, deberá enfrentarse.

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