El camino al lado oscuro

Cuando Luke Skywalker escuchó de Darth Vader: 'yo soy tu padre', debió pensar que era lo último que le quedaba por oír.

La estrategia no era mala: un inesperado golpe afectivo, justo en el momento en que uno más necesita una mano amiga, un toque de autoridad, y una promesa, 'únete a mí y juntos gobernaremos el Imperio'.

Una tentación clásica desde tiempos bíblicos.

Gracias a los dioses o a la Fuerza, Luke ya había superado por aquel entonces su complejo de Edipo y no tuvo inconveniente en 'pasar del padre', aunque nuestro héroe resolviera el trauma infantil a la inversa, poniendo en riesgo su propia vida en vez de acabando con la de su progenitor.

Resistirse al lado oscuro no es tan fácil. Probablemente, si algunos de nosotros hubiesemos protagonizado Star Wars, la saga habría acabado de modo diferente, con Luke Skywalker y su padre Darth tomando copas en algún oscuro pub de su Imperio.

¿Por qué personas normales y corrientes, incluso 'buenas personas', acaban entregándose al lado oscuro?

La línea entre el bien y el mal es permeable; y el hecho de cruzarla o no, no sólo se explica por las características del individuo, sino también de las circunstancias.

Pensemos en la teoría de la manzana podrida. Si una manzana se estropea, hay que ver si el cesto está podrido; y si el cesto lo está, hay que ver cómo se está fabricando. Es decir, en el tránsito del bien al mal influyen decisivamente factores situacionales externos -las cestas, que representan a las circunstancias sociales-; y factores sistémicos -el contexto legal, económico, político y cultural donde se están fabricando cestos que acaban por corromper a las manzanas.

Desde que la manzana empieza a enfermar hasta que el gusano aparece, media un lento proceso de deterioro. La seducción del lado oscuro empieza con un diabólico juego de coqueteo. Poco a poco. Con una mezcla de emoción -la excitación de acceder a lo que parecía estar prohibido- y sentimiento de culpa. Hasta que uno acaba por entregarse y deja de lado los remordimientos.

Yoda, en su primer entrevista con Anakin, le detalla el camino básico al lado oscuro:

El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento.

La idea de posesión nos brinda confort, especialmente en estos tiempos en que el consumismo rige mucho del comportamiento general, pero este mismo entorno volátil - de inestabilidad económica y de inseguridad social - vuelve el miedo a la perdida algo constante, y en defensa de nuestras posesiones elevamos nuestra alerta. Pero viviendo en un estado de defensa es imposible distinguir al amigo del agresor y comenzamos a retener una sensación de ira por esta incertidumbre.

Hablando de algo más específico, los celos por nuestra pareja parten de esta misma idea de posesión, y en sus consecuencias llevan el mismo camino al lado oscuro, de hecho el propio Anakin vive este patrón para terminar siendo Darth Vader.

El mismo Yoda nos da una solución sencilla para sobrevivir a estas seducciones:

Vive el momento, no pienses; siente, utiliza tu instinto, siente La Fuerza.

Díficil?
Quizás, pero dentro de su simpleza resulta un método muy efectivo.

El miedo puede ser paralizante, no por el miedo en si, sino por todas esas defensas que activa en nosotros, nos hace cuidar nuestros movimientos, planificar cada acción para evitar más daños, haciendo que repasemos escenarios que posiblemente ni ocurran, nos mantiene en tensión pero sin ninguna acción.

Si aprendiéramos a estar presentes en el presente, a confiar en que nuestras acciones - libres de intención de daño a los demás - nos llevarán a buen destino, nuestra vida sería más sencilla y placentera.

¿Porqué envidiar una situación distinta, si disfrutamos la que tenemos actualmente?. Lo que deseamos llegará, y en ese presente también habrá que vivir disfrutando.

Vivir solo es posible en el presente, no en el dolor del ayer, ni en la incertidumbre del mañana. Confía en la fuerza, Luke!

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