Hijo ideal vs hijo real

Cuando un niño nace en una familia, es como si llegara la respuesta a muchas peticiones. Esta pequeña personita consigue hacer imaginar a sus padres un sinfín de posibilidades; será presidente, dice mamá, o futbolista, dice papá, y así empieza una serie de expectativas basadas en lo que a ellos les encantaría lograr.

Muchas teorías psicológicas consideran que las expectativas de los padres hacia su hijo tienen que ver con las que en algún momento se tuvieron de ellos mismos: los deseos, los sueños, las metas… que en la mayoría se vieron frustradas por una infinidad de situaciones, y ven en los hijos el momento de retomarlos.

Algunos padres se empeñan en seguir teniendo las metas que a ojos de todos se distancian de la realidad, y empiezan los problemas que afectan a las dos partes. Por un lado, los padres bloqueados por la imagen de este hijo perfecto pierden la oportunidad de conocer a este hijo real, de preocuparse u ocuparse de las necesidades.

Todo esto se va complicado cuando como padres, no se ven en sus hijos; es decir, no encuentran en sus retoños aquellas características que les agradan de sí mismos, y parecería una broma cruel, pero terminan encontrando las que más les desagradan.

Es en este momento en el que ese hijo ideal toca tierra y nos enfrentamos a aceptar (si bien nos va) a este hijo real, con sus fortalezas y sus debilidades, quizá no es tan sobresaliente en calificaciones, quizá no es tan destacado deportivamente hablando, probablemente sea más indisciplinado de lo que fueron sus padres alguna vez, pero es el hijo que tenemos.

Considero que como padres se tiene una gran responsabilidad para la crianza de los hijos, pero no hay que perder de vista que es su vida y que si quieren seguir siendo parte de este proyecto tendrán que asegurarse de ser un elemento grato dentro de la vida de sus hijos.

Un hijo necesita convertirse en el modelo de ilusión de sus padres, les encanta saber que son motivo de orgullo para su familia, con sus herramientas, con sus talentos y al mismo tiempo saber que siempre habrá alguien con quien compartir y sobrellevar sus fracasos, y esto requiere empatía, respeto y amor.

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