Hoy, a leer El Principito

Es imposible ignorar lo que el Principito de Antoine de Saint-Exupéry, nos lega. Siendo un libro maravilloso y de fácil lectura y con mucho contenido, que invita a considerarse, especialmente, cuando se quiere ahondar en una lectura que nos deja mucho aprendizaje.

Es muy posible que tu lo hayas leído y disfrutado intensamente.

El Principito es una meditación sobre la soledad del hombre, a menudo producto de su propia vanidad, y sobre la amistad, el único sentimiento capaz de enriquecer la vida humana y restablecer las relaciones perdidas entre los hombres.

Los hombres están solos debido a su orgullo y pérdida de valores y la amistad es la única solución para enriquecer la vida humana.

Los hombres no pueden pararse, dedicar tiempo a los otros, de dejar de preocuparse por lo que les parece importante y tratar de comprender a los demás

Textualmente, en todo su contenido intenta despertar en cada uno de los adultos a ese niño, quizá dormido, que todos seguimos llevando dentro.

Aunque el Principito vive en un pequeñísimo asteroide. Allí comparte su vida con una flor consentida y tres volcanes (dos activos y uno no). No vive tranquilo porque tiene serios problemas tanto con la flor, los volcanes y los árboles baobab (que de permitirles crecer partirían su planeta), y estos problemas le hacen sentir la soledad.

En esa instancia, con mucha audacia, toma una determinación: decide abandonar su casa, su asteroide para encontrar a alguien.

En ese afán, recorre varios planetas, ya sea habitado por un rey, por un vanidoso, un borracho, un hombre de negocios, un farolero, un geógrafo y en cada uno de ellos busca la amistad.

Le llama la atención el concepto de "seriedad" que tienen los adultos, le sorprende y confunde al mismo tiempo. Prosigue su búsqueda hasta que llega al planeta Tierra, pero su enorme extensión territorial y su nimiedad lo hacen sentir más solo que nunca.

Se encuentra con una serpiente y un zorro, el primero le da una visión pesimista sobre los hombres y lo poco que se puede esperar de ellos. El zorro tampoco colabora a mejorar su opinión, pero le enseña la forma de hacer amigos. Le dice cómo debe crear lazos: "hay que dejarse domesticar". Y al final le regala su secreto:

"Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos".

De pronto el Principito se da cuenta de que, en realidad, su flor lo había "domesticado" y decide regresar a su planeta valiéndose de la ayuda de la serpiente. Es entonces que entra en contacto con el aviador, que paradójicamente también está solo y luego se dará cuenta que cuando el Principito desaparezca, también el hombre habrá encontrado un amigo.

El libro comprende una serie de metáforas que deben ser interpretadas para entender plenamente el significado de la obra, lo cual no excluye que una misma imagen sea interpretada por distintas personas de formas diferentes. Cada opinión es una verdad, desde su punto de vista, no habiendo una única forma de ver e interpretar las "insinuaciones" que hace el autor, ni nadie que pueda decir qué es lo correcto o cómo se tiene que interpretar tal o cual cosa.

La historia comienza con una crítica sarcástica a las cosas importantes de la vida y a los adultos, a cómo se condiciona a los niños y se los conduce por el camino "correcto". Una de las frases que ejemplifican esta crítica es: "La geografía, en efecto, me ha servido de mucho; a primera vista podría distinguir perfectamente la China de Arizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche".

Estas críticas a las cosas "importantes" y al mundo de los adultos van salpicando el libro a lo largo de la narración.

El narrador es un adulto que intenta razonar y actuar como un niño, pero sabe que en realidad no lo es, que lo ha perdido pero intenta recuperarlo. Es nuestra propia imagen, nuestro reflejo en la historia, el personaje que nos identifica dentro de la novela y que nos hace ver cómo deberíamos ver las cosas y cómo en realidad las vemos, cuando nos critica con frases como: Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil francos". Entonces exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!".

Al evocar metáforas que invitan a usar el corazón para ver las cosas como realmente son, el revisitar esta historia nos entregará nuevos significados según el propio crecimiento (o endurecimiento) que hemos experimentado.

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