Luto y sanacion

El dolor también forma parte de la vida y requiere de un fuerte compromiso del doliente para poder sanar.

Tras la pérdida de un ser querido comenzamos un camino personal de sanación y recuperación en el que solemos sentir incertidumbre y ansiedad respecto a cómo podremos sobreponernos a esta ausencia. En este viaje emocional es normal preguntarnos “¿Cuánto tiempo sentiré esta tristeza?”.

Cualquier intento de obligarte rápidamente a sentirte mejor no sólo es inútil sino que además puede encapsular tus emociones llevándote a prolongar este proceso de duelo. No puedes quitar este dolor de un día para el otro. No hay recetas ni soluciones mágicas que lo logren. Evita estas expectativas poco realistas y sé tan amable contigo mismo como sea posible.

Recuerda que eres un ser humano único. Por lo tanto, nadie puede decirte cuándo es el momento de dejar de hacer tu duelo. Como en tantas otras experiencias de la vida, el duelo es único y personal como así también lo será su duración. El alivio del dolor que genera una pérdida podría comenzar a sentirse luego de unos meses. Sin embargo, esto no significa que exista un tiempo determinado para estar absolutamente recuperado sino que este tiempo podría estar matizado por momentos de gran melancolía y tristeza, como ocurre en las fechas especiales que suelen ser un disparador de los recuerdos como el aniversario de su muerte, fiestas navideñas o cumpleaños.

El duelo no tiene calendario. Es un proceso que debemos recorrer afrontando los fuertes sentimientos que genera para encontrar en nosotros mismos los recursos necesarios para recuperarnos y sanar plenamente. Sólo así podrás poco a poco reconstruir un nuevo sentido de vida.

¿Cuál es tu sistema de apoyo?

¿Está permitido en tu familia la expresión de las emociones?

El duelo es un proceso emocional que requiere de la contención familiar. En primer lugar, la familia es el contexto inmediato en donde el doliente atraviesa este proceso de adaptación. Un sistema de comunicación abierto facilita los espacios para compartir los sentimientos vinculados a esta pérdida. Las posibilidades de hablar y ser escuchado brindan un apoyo seguro que permitirá el intercambio de miradas y la curación progresiva.

Cuando no se expresan las emociones nuestro cuerpo podría comenzar a demostrar síntomas como insomnio, pérdida de apetito, irritabilidad y depresión. Por otro lado, encontramos redes de apoyo social como los grupos de ayuda mutua en los que semanalmente los dolientes se reúnen para contar su experiencia y sentimientos en relación a su pérdida a fin de sentirse acompañados y comprendidos por otros dolientes que atravesaron una pérdida similar a la suya.

A otros dolientes les funciona mejor la terapia personal, donde las sesiones son completamente personales y van al ritmo del doliente encontrando allí un espacio profesional donde poder expresar sus emociones, temores, desafíos y pensamientos vinculados a esta pérdida. Es usual que durante los primeros meses el doliente exprese su preocupación debido a la montaña rusa de emociones que lo embarga. Estos servicios ofrecen un espacio propicio para poder tomar las riendas del duelo, transitar por él y reconstruir un nuevo vínculo con la persona fallecida en un contexto de escucha y respeto mutuo.

El proceso de duelo implica un camino de sanación absolutamente personal en el que cada doliente irá delimitando sus propios tiempos, ritmos y necesidades.

No te presiones con la idea de sentirte mejor lo antes posible ni tampoco te compares con otros dolientes, lo esencial es ir avanzando con pequeños pero firmes pasos que te lleven a reconstruir con tu ser querido fallecido un nuevo vínculo basado en el amor y los momentos compartidos que atesoras en tu memoria.

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