Maléfica

Era 1959 cuando una terrible Maléfica se autoproclamó “Emperatriz del Mal”, pero ahora, en una re imaginación, Disney nos dice que en realidad no era tan mala.

Aquella versión es un clásico cuento de hadas en el que las aspiraciones de las mujeres deben ser casarse con el tipo más guapo y adinerado posible, no sin antes recibir una mano extra de azúcar.

No es de sorprender el éxito de las Princesas de Disney (no, cuando una estrella pop se cosifica al grado de cantar “my pussy taste like Pepsi Cola”): el estereotipo de la mujer que aspira a obtener ese príncipe azul... o vampiro de Crepúsculo ya siendo "rebeldes".

Para muchas mujeres “casarse bien”, ser cortejada, procurada y atendida (de preferencia con dos hijos, camioneta y casa de campo en Morelos) es un valor que algunos ven como doble moral y otros como el inevitable rol de los géneros. Yo creo que seguirá siendo complicado para la mujer evolucionar a un papel más complejo en la sociedad cuando hay siglos de estereotipos de género detrás, cuando es preferible ser “bonita pero airhead” como la princesa Aurora, que “lista y fuerte pero un tanto choncha” como la princesa Mérida.

Las tres hadas originales de La bella durmiente, le ofrecen a la bebé Aurora un don cada una: las dos primeras le regalan el don de la belleza y del canto. La tercera no pudo darle bien su don a Aurora (quizá había pensando en “hacer un rico desayuno”) porque Maléfica llega a lanzar el hechizo de a-los-dieciséis-vas-a-pincharte-el-dedo-en-la-rueca-y-caerás-en-un-sueño-eterno, así es que lo emplea en sacarse de la manga el legendario “cuando estés dormida, un beso de amor verdadero romperá el maleficio”.

Pero estamos ya en el año 2014, y aunque como decía seguramente millones de mujeres siguen obsesionadas con el príncipe azul, Disney ha decidido modificar la agenda. Ha decidido, digámoslo así, “reorientar” las motivaciones de una de sus villanas más emblemáticas.

Si en la versión de 1959, la malvada del cuento es una mujer, ahora lo lógico (para la agenda de Disney al menos) es que ese papel sea ocupado por… un hombre. Lo que tiene sentido si pensamos que hoy día sería irreal para las audiencias que una mujer tan poderosa como Maléfica sea derrotada por un hombre solo porque es el príncipe azul y solo porque de origen es bueno y ella mala. Al contrario: parece existir evidencia de que los varones son más “malos” que las mujeres. Por ejemplo, varios académicos han analizado por qué las mujeres son menos corruptas que los hombres. Y hace unos días la revista Time publicaba el por qué el 98% de los asesinos en masa son hombres, no mujeres.

Esos son solo dos ejemplos de como las cosas han cambiado en este último medio siglo. Por qué ya no tiene tanto sentido que la mujer, la bruja, sea un símbolo de lo oscuro, de lo malvado. Si acaso será “malvada” para los hombres que se sienten amenazados porque el papel y poder de la mujer sigue creciendo en nuestra sociedad. Así pues, tiene sentido que ahora el villano sea el Rey Stefan, no Maléfica. En esta nueva historia, el rey es un tipo que se abre paso en la corte siendo corrupto y violento. Maléfica tenía una relación personal con Stefan, pero él la engaña, la droga y dormida le corta las alas (una excelente alegoría de la violencia de género que suele ser común en nuestra sociedad).

Esas alas son bastante simbólicas también. Cualquier ser que pierde sus alas es algo triste. Cualquier ser que pierde algo amado, algo que le hace único sufre una transformación inevitable.

Las historias necesitan héroes y villanos, pero no necesitamos más mujeres que solo por ser mujeres sean villanas (¡brujas!), ni hombres que solo por ser hombres sean héroes (¡príncipes azules!). Quizá en un futuro veamos a más princesas de Disney yendo a la universidad, o princesas que no se casan con el primer hombre que les baja las estrellas, o con el que mejor le cae a su familia.

Los momentos e ideas van cambiando, aún sin tener un efecto generalizado, es obvio que ya no hay forma de sustentar los viejos roles de género que se han impuesto durante tanto tiempo.

Es hora de que nuestras nuevas princesas se hagan conscientes del potencial que habita en ellas porque la felicidad y plenitud son imposibles con agentes externos, todo esta en su interior.

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